El Intérprete y el Traductor
A primera vista, la interpretación y la traducción parecen hermanas gemelas. En ambos casos se trata de traducir un mensaje desde la lengua de partida hacia otra lengua de llegada.
Para interpretar así como para traducir, hay que ser un buen comunicador y experto en diferentes idiomas.
Además, hay que saber apreciar las diferentes culturas y dominar el ámbito al que se dirige el mensaje.
La traducción:
Los traductores permiten que un emisor y un receptor, que comparten una lengua común, puedan entenderse mediante la traducción de un mensaje escrito.
Puede tratarse de diversos tipos de textos: manual de instrucciones, articulo científico, texto juridico, novela, etc.
Para ser traductor, es necesario tener un muy buen conocimiento en la cultura general.
La traducción de los documentos oficiales (extractos de la partida de nacimiento, certificado de antecedentes penales, diploma, etc) está reservada a los traductores jurados que deben prestar juramento ante la jurisdicción.
En la traducción, el traductor se encarga de los documentos escritos o audio/ vídeo, pero no va a tener que hablar. La buena redacción es la piedra angular de esta profesión. El traductor debe usar el contexto y investigar sobre el tema del documento objeto de traducción antes de empezar la tarea de traducir. Se le imponen plazos más o menos cortos, per aún así tiene tiempo para investigar en ello.
La interpretación:
El interprete hace la actividad de mediación lingüística entre dos interlocutores de diferentes lenguas, traduciendo mensajes orales que van desde una simple conversación, a un debate animado, pasando por un discurso, o incluso una conferencia internacional o negociaciones comerciales, etc.
Al igual que en la traducción, se distinguen diferentes modalidades de interpretación: la interpretación consecutiva y la interpretación simultánea.
En la interpretación hay que estar muy a gusto con lo oral y ser capaz de expresarse correctamente. Asimismo, hay que dominar perfectamente la lengua de partida y la de llegada, ya que no hay margen de cometer algún error, sobre todo en el caso de la interpretación jurídica. Esto puede resultar muy costoso. En la interpretación hay que ser muy rápido y conciso. El mensaje debe resumir la idea principal emitida por parte de la persona que habla, adaptada al lenguaje de quien a a recibir el mensaje. Por lo tanto, es necesario hacer previamente algunas investigaciones sobre la persona en cuestión y el contexto general de la conversación.






